Una reflexión: ¿Porque nos manifestamos el 13M?

Estos días han pasado muchas cosas. Ha sido una semana frenética desde que, el pasado viernes, el poliministro Rubalcaba anunciase, en la conferencia de Prensa posterior al Consejo de Ministros, la decisión del Gobierno de reducir el límite de velocidad en autopistas y autovías desde los 120 km/h actuales a 110 km/h invocando la imperiosa necesidad de nuestro país de reducir su factura petrolífera. Aún con el calentón por la medida, a las 9 de la mañana del pasado lunes 28 de febrero estaba al habla con la Delegación del Gobierno en Madrid para enterarme de los trámites necesarios para la convocatoria de una manifestación. Había llegado el momento de poner pies en pared.

La víspera, domingo 27, acudí en directo, como Portavoz de Movimiento140, al programa de Intereconomía TV “Dando Caña” (en efecto, había cervecitas en la mesa de los contertulios) con la decisión de convocar la manifestación medio madurada, pero tratando de contener, ante las cámaras, la rabia por la medida: en el fondo, quieren nuestra rabia; pero no, les vamos a mostrar que la mejor arma es la palabra; esa fue mi sobrevenida conclusión.

En uno de los intermedios estuve charlando con Nicolás de Cárdenas, responsable de Comunicación Externa de HazteOir.org y contertulio en el programa; Nicolás no sólo me dio todo su apoyo personal a la convocatoria, sino que me orientó sobre cómo organizarla, además de que me prometió que sometería a la consideración de la Directiva de su Plataforma su adhesión a la reclamación de Movimiento140. Hoy viernes, después de cinco días de absoluta vorágine, HazteOir.org ha oficializado su apoyo a la concentración que realizaremos, D.M., el próximo 13 de marzo en la Puerta del Sol de Madrid. Y no las única Asociación que nos apoya.

Ha sido una semana llena de acontecimientos, un apoyo masivo y alguna que otra inesperada desilusión, pero no puede ser de otra manera.

Para quien quiera saberlo, estoy encantado en decir que no percibo remuneración económica alguna por ser Portavoz de Movimiento140 ni, por supuesto, por organizar este sarao. Ah, y tampoco por escribir este blog. Me gusta esto, me va la marcha; y, de verdad, ya iba siendo hora de tratar de poner en su sitio tanta falacia sobre la cosa circulatoria, prohijada de honor de la propaganda gubernamental (y no me refiero sólo al PSOE, aunque lo hecho por el Gobierno de este partido es digno de “cum laude” en ese aspecto). Pero con Movimiento140 el Gobierno se encontró una inesperada e indeseada molestia.

Deseo recordar que, al poco de lanzar la iniciativa, a finales de 2009, medio país se nos echó encima, pero en absoluto por la propuesta en sí: no había sitio para el debate sobre los límites de velocidad, al menos en ese momento procesal. Era inviable, como se ocupó de manifestar reiteradamente el presidente de Automovilistas Europeos Asociados, Mario Arnaldo, “por el elevado coste del cambio de señalización, algo totalmente inasumible en estos tiempos de crisis”. Hace más o menos un año de eso. Hoy, don Mario es un firme defensor del estudio sobre si los límites “son creíbles”, que siempre ha sido el principal argumento de Movimiento140 en su análisis del asunto: si un conductor se encuentra un radar escondido detrás de una incoherente limitación de velocidad, el mensaje que se les está dando es que los límites no tienen otra función que sacarle el dinero.

Nadie, salvo miles de conductores, daba un duro hace doce meses por Movimiento140. Lo más suave que se nos llamó fue frikies, locos de la velocidad, asesinos… el propio Pere Navarro llegó a calificarnos de “empanados mentales”; con tan mala suerte que, pocos días después, tras algunas reuniones mías en el Congreso de los Diputados, el Parlamento aprobó una Proposición No de Ley instando al Gobierno a que revisase, “por obsoletos”, los actuales límites de velocidad. Toma empanada, Pere.

Lo que era una oportunidad de oro para abordar seriamente la cuestión de los límites de velocidad en España se topó con la soberbia de un Director General de Tráfico temeroso que de tal debate surgieran ideas y se llegase a conclusiones que cuestionaran una política de seguridad vial basada únicamente en la represión bajo la machacona falacia de que la velocidad mata. ¿Cómo se iba a justificar, si la gente viese realmente lo que pasa con la velocidad, que se llenasen las carreteras de radares? Porque ese discurso ha conseguido (pese a que está acreditado que el exceso de velocidad es responsable de sólo el 1,63 de los accidentes con víctimas) que el Sr. Navarro multiplique casi por cinco los ingresos por multas de la DGT desde que aterrizó en su despacho de Madrid.

El pasado viernes, Navarro, como un pequeño gnomo protegido bajo las faldas del jefe Rubalcaba, reventó, mientras sonreía, satisfecho, una cuestión (los límites de velocidad) que poco tiene que ver con la seguridad vial y mucho con el pánico a Movimiento140 y sus consecuencias; la última de ellas, la intención del nuevo Govern de la Generalitat de dejarse de gilipolleces y eliminar los absurdos límites de 80 impuestos por el Tripartito por supuestas razones medioambientales (a sabiendas de que no servirán de nada), así como plantear una elevación de los límites de velocidad en las autopistas catalanas de 120 a 130 kilómetros por hora.

Se abrió el suelo bajo los pies de Navarro, y urgió a poner punto final a la cuestión: con la excusa del ahorro energético (de entre un 3% y un 15%, dependiendo del ministro que explicase la cuestión), nos obligan a ralentizarnos. El martes, el diario ABC publicó una entrevista que me hizo la víspera, y que aplaudo por su enfoque y contenido, pero sobre todo por su titular: “Lo que hace el Gobierno con los 110 es una metáfora de lo que está haciendo con el país: pararlo”.

El mismo viernes 25, nada más anunciase la infausta medida, Pere Navarro corrió a telefonear a los responsables de las principales asociaciones de autmovilistas (no llamó a Movimiento140, pese a las casi 200.000 personas que lo conforman) para pedirles que no hicieran declaraciones críticas con la castradora medida de un Gobierno que se llena la boca de las palabras “libertades” y “derechos” pero que no las usan más para limpiarse el culo con ellas. Y lo cierto es que tales supuestos defensores de los conductores poco han dicho, y lo que han dicho ha sido para quejarse de que no se haya contado con ellos en la discusión de la medida. Sobre el fondo de la cuestión, poco, y en voz baja.

Y mientras pasaba la semana en que si son churras o son merinas, en que si se ahorra o no se ahorra con los 110, la realidad de los motivos de la medida quedaba bien escondida: no sólo había que cortar el debate sobre límites. No. El mes de febrero ha sido muy malo desde el punto de vista de la siniestralidad, y había que hacer algo (represivo, por supuesto) para remediarlo. Muchas veces lo he explicado: las medidas represivas tienen el vuelo muy corto en su incidencia en la siniestralidad, y por eso se dosifican: primero, multas más caras. Luego, carné por puntos; más tarde, reforma del código penal. Después, helicópteros que multan desde el aire… y ahora, que tenemos el peor febrero en siniestralidad en los últimos cinco años, la reducción de los límites será el nuevo bálsamo de fierabrás. La medida tendrá un efecto, sin duda, en la siniestralidad a corto plazo. Y poco más habrá que decir: se habrá demostrado, una vez más, la mentira de que la velocidad mata. ¿Qué pasará cuando vuelva a repuntar? ¿Bajaremos a 100 los límites? ¿Prohibirán circular día sí, día no? La cuestión es sacar vehículos de la carretera. Pero no es por ahorro, es porque cuantos menos coches, menos accidentes. Y este Gobierno no puede permitirse el lujo de que se le desmonte el único punto de su acción que le ha salido supuestamente medio bien: la siniestralidad vial. ¿Quo vadis, Pere?

Por dar un dato: tal es la importancia que el Gobierno concede al tema de los éxitos en siniestralidad vial, que la DGT copa, en 2011, el presupuesto del Ministerio del Interior en publicidad: 14 millones de euros. Así que tonterías, las justas. Y menos las que provienen de una Plataforma (Movimiento140) que no pueden controlar, domesticar o pastorear vía subvenciones o campañas, y no miro a nadie.

Y eso por no hablar de la afición de Pere al afeitado estadístico. Anoche estuve en el espacio de Veo7 “La Vuelta al Mundo”. Mostré allí, en directo, las pruebas de la manipulación estadística. El conductor del programa se quedó a cuadros y no dejaba de decir, en uno de los intermedios, “esto es un escándalo”. Y le dije: pues publicadlo en el periódico. Pero no interesa. No ahora, quizás. Por cierto, uno de los tertulianos asistentes, de los más beligerantes contra Movimiento140 (me acusó incluso de que nuestra Plataforma “cuenta con el apoyo del PP”), me preguntó cómo podía recurrir las multas de su mujer, “porque conduce a más de 200, y siempre me identifica a mí”. Este es el panorama de los medios.

Concluyo, que me enrollo. Semana intensa, con más de cuarenta entrevistas en radios y televisiones, y una importante novedad: el apoyo de la Asociación Unificada de la Guardia Civil a la concentración del día 13. Y de esto de seguridad vial yo creo que saben un rato. Por no mencionar que, también esta semana, Holanda ha subido los límites de velocidad en autopistas de 110 a 130 “para mejorar la siniestralidad” y que el Reino Unido ha anunciado que elevará los límites de 70 a 80 mph “para reducir el tiempo de desplazamiento e impulsar la economía”. Somos el país cangrejo.

Queda una semana por delante, que será, si cabe, más intensa que esta que termina. Y quiero recordar que no son los 110 lo que nos mueve; eso ha sido el detonante. La concentración tiene un objetivo general mucho más amplio: basta de reprimir a los conductores. El repunte de la siniestralidad por la nefasta política de seguridad vial y 30 millones de euros más en multas tienen la culpa.

Es la primera vez en la historia de la democracia que los conductores se plantan contra un Gobierno. Que se nos oiga.

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