Recuerdos del pasado automovilista

Yo creo, por no decir seguro al 100/100, que todos los que nos movemos por éstos ámbitos en los “internetes”, nos une una pasión en común que es la magia que desprenden los vehículos a motor, rozando casi la obsesión en estos témas.

Hoy hay compañeros de edades jovenes, pongamos a principios de los 80, que fué cuando la industria automovilística empezó a explotar con nuevos diseños, nuevas técnicas motrices y como no, nuevas leyes de persecución en códigos de circulación, cosa lógica ésta ya que no es lo mismo encontrarse en la carretera 10 coches mal contados con los tropecientos mil de la actualidad, pero como es normal éstos jovenes han crecido con lo que vemos a día de hoy y naturalmente eso es normal para ellos.

Por otra parte estas generaciones actuales, han ganado en muchisimas cosas es cierto, pero en contra han perdido algo maravilloso que teníamos antes, me refiero a las sensaciones que percibiamos cuando ibamos a iniciar un viaje con nuestros vetustos automóviles, todos ellos procedentes de la destrucción anterior de la guerra civil.

Esa sensación la percibiamos todos, niños. jovenes, adultos y ancianos, un viaje que yo recuerde haberlo hecho docenas de veces, era el de Barcelona-Alicante por la famosa y más larga carretera del Estado, la N-340 de Barcelona a Cádiz bordeando la costa, se viajaba a la auténtica aventura, yo no recuerdo haber hecho nunca ese viaje en menos de dos días, siempre había una seria avería entre medio, bloque del motor rajado y tener que soldarlo el mecánico del pueblo, caja de cambios destrozada, varias ruedas pinchadas y un sinfin de averías, con razón recuerdo que en todas las maletas que llevabamos, siempre había una de más y era la que mi padre preparaba como si fuera el más preciado de los tesoros, llena de recambios, alambres, bombillas, dinámos, escobillas, pimenton rojo para escapes del radiador etc. etc.
Esas sensaciones son las que daban vida intensa a los viajes, la carretera siempre pasaba por todos los pueblos de la ruta y en los restaurantes ó posadas del camino casí los dueños te sacaban las alfombras para que entraras a comer en sus establecimientos, ese glamour para mi hace años que se ha perdido en su totalidad, se ha masificado todo.

Hoy las carreteras principales se han desdoblado todas, ya no se pasa por ningún nucleo habitado, se sale de una ciudad para recorrer 800 km. y todo es asfalto y más asfalto, las áreas de servicio llenas hasta los topes con los autoservicios de comidas con las bandejitas de rigor y vuelta a la carretera, nos hacen pagar peajes, nos fotografían los radares, si se nos avería el coche se nos echan encima tropecientas gruas, a ver quien consigue llevarse nuestro coche y cobrar un suculento servicio a la compañia de seguros pertinente.

Como una gran mayoría han demostrado que no saben lo que es beber con moderación, pués ála todos a pasar por el aro de los controles de alcoholemia y evitar que en una comida de viaje podamos siquiera darle un poco a la bota de vino porque rápidamente seremos señalados como borrachos empedernidos, fumar ni hablar que eso también está prohibido y además el tabaco mata según pone en las cajetillas del mismo……..por eso los cementerios solo estan ocupados por inconscientes fumadores, todos los demás viviran por lo menos 400 años, que horror ser más viejos que matusalen, no gracias yo paso de ello.

Con todo esto solo quiero expresar lo que siento, que de siempre y esto no ha cambiado nunca, todos los extremos siempre son negativos y en el área del automóvil demuestra la Administración que le ha cogido gusto al guasanillo de prohibir todo, absolutamente todo, y ser una fuente extraordinaria de ingresos para paliar lo que los malos administradores anteriores han dilapidado con sus sucios negocios y enriquecimientos a mansalva.

En las entradas a las grandes ciudades, en Barcelona estaba en lo alto de La Diagonal, había unas casetas llamadas Fielatos donde se inspeccionaba al recien llegado de viaje, cosas como aspectos sanitarios de los alimentos, cédulas de identificación del vehículo y hasta las matriculas de cada neumático que se correspondieran con la reflejada en la documentación, pero si algo no estaba en orden se solucionaba de inmediato, presentando al guardia la carterita con los papeles y dentro un billete de 25 pts. que desaparecian de inmediato al devolver dicha carterita y la barrera de paso quedaba mágicamente levantada con paso libre……..ó sea que éstos de ahora no han inventado el bicarbonato con el asunto de “Yo te multo porque has infrigido las reglas, pero te perdono el 50% si pagas en el acto y te olvidas de procesos judiciales”……….Yo creo fervientemente que en la sangre de los Ibéricos hay una especie de genes dignos de estudio por la comunidad científica internacional.

Saludos………solo a la gente honrada

Ancamo

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Un comentario en “Recuerdos del pasado automovilista

  1. Antes el automóvil era… un automóvil y el conductor no era solo el que llevaba el volante sino que tenía que saber de mecánica, de conducción y como dice Ancamo un viaje era poco más que una aventura. ¿Cuantas veces le habré cambiado los platinos a mi 124? ¿Cuantas veces el conductor del 600 le ha cambiado la correa del alternador? recuerdo a mi tío que llevaba un pequeño taburete y, sentándose delante de este emblemático coche se la cambiaba ya con la misma naturalidad con la que hoy se echa gasolina.

    Sin embargo a día de hoy el automóvil es… un electrodoméstico como pueda ser la nevera o la lavadora, donde el conductor se ha transformado solo en el que lleva el volante y nada más, con su “refresco de cola” cada dos horas, su aire acondicionado, sus airbags, sus colchones de plumas y que, en cuanto el coche “tose” tiene que llamar urgentemente a la grúa porque se ha vuelto tan incapaz que ni de cambiar una rueda sabe.

    Y mientras aquellos cacharros de antaño tenían limitada su velocidad más por la mecánica que por las señales de velocidad (sin límite hasta que se implantaron los 130), los de ahora, los “coches fantásticos” en los cuales vamos mejor que en casa, hasta con un Renault laguna que te da un masajito mejor que una filipina, con unas autovías que en muchas veces parecen mesas de billar, pero que tenemos que ir a 120 porque “el usuario del electrodoméstico” se siente incapaz de ir más deprisa, pero en su sensación de inseguridad implantada por su desconocimiento de lo que es conducir, quiere que todos los demás vayamos a su “pasito la borriquita”.

    Sirva este post de Ancamo de reconocimiento a aquellos héroes de viajes Madrid Alicante en 10 horas, o de aquellos que, tirados en mitad de la nada sin teléfono móvil tenían que rellenar una rueda de paja ante la faena de haber pinchado dos veces seguidas y, o te buscabas la vida, o te quedabas esperando horas y horas a que la guardia civil pasase, guardia civil que por cierto en aquella época se dedicaba a ayudad y no a apostarse detrás de las piedras con la maquinita de recaudar.

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