De cómo Rubalcaba habría engañado a Pere Navarro y sobre el debate de la vuelta al 120 y la siniestralidad

El pasado día 1, coincidiendo con el comienzo de la operación especial de verano, el director general de Tráfico, Pere Navarro, acudía a uno de sus dos diarios de cabecera para hablar del paso del 110 al 120. Pese a que es una cuestión en que la DGT, muy escrupulosamente, había evitado pronunciarse –al menos durante la vigencia de la medida– “por ser una cuestión de ahorro energético”, una vez extinguido el Decreto, Navarro se ha mosqueado, según el titular de la entrevista: “No sé qué más podemos hacer para reducir las víctimas”.

Lo primero que se le debe pedir, a la vista de tan sincera confesión, es que se marche, que dimita; reconoce definitiva y lapidariamente el fracaso de su política, y que no se gana el sueldo, la visa y el coche oficial (tan propenso a saltarse los límites de velocidad) que le pagamos los españoles. Pero, entre líneas, Navarro declara sentirse estafado, porque confiaba en que la cosa del ahorro petrolífero le arreglaría una siniestralidad desmandada.

Le manda con esas palabras un mensaje a su entonces jefe y ya únicamente candidato Rubalcaba, a quien habría acudido alarmado a finales del pasado mes de febrero a la vista del repunte de la siniestralidad en ese mes, aún con la crisis, pese al precio de la gasolina y, como resultante, con un número de desplazamientos muy inferior, para proponerle un golpe de efecto que, fingiendo ahorro energético, permitiese al catalán salvar la cara ocultando la medida en una supuesta emergencia energética, puesto que plantear la reducción de la velocidad de frente habría supuesto reconocer que nos obligan a ser más lentos porque ya no quedan recetas represivas que aplicar; por mucho que la reducción del límite de velocidad, de conseguir algo, puede solamente ser un recorte puntual, en el corto plazo, de la siniestralidad, más por miedo a la multa que por la velocidad en sí.

La reducción de la siniestralidad es una de las pocas cosas (por no decir la única) de la que este Gobierno podría sacar pecho, descontando que se han manipulado las cifras hasta la saciedad: aquí, un recordartorio. ¿Qué sentido tenía la presencia de Pere Navarro en la rueda de Prensa del Consejo de Ministros del 25 de febrero que anunció el 110 si era exclusivamente una medida de ahorro energético? A buen seguro, Rubalcaba le prometió que la medida se quedaría al menos hasta después del verano, lo justo para aquilatar unas cifras de siniestralidad que venían muy mal dadas. Pero hete aquí que surgió la candidatura del cántabro y tenía que empezar a mostrar gestos magnánimos que no ahondasen más la previsible debacle electoral de su partido: del doctorado en Químicas a la alquimia política.

Así que, aquello de “no sé qué más podemos hacer para reducir víctimas” tiene menos de disculpa que de manifestación de disconformidad; Navarro no podía quedarse callado. En efecto, tras el primer fin de semana de la operación de verano Navarro decía que “hemos tenido quince muertos el domingo día 3”; no se atrevió a señalar directamente a la vuelta al 120, pero sí dijo que la culpa era “de la velocidad”; para variar. Podía haber dicho también que el 4 de mayo, con el 110 en pleno vigor, se registró casi esa cifra:13 fallecidos: ¿fue, entonces, por ir a 110? No. Afirmó asimismo que julio había empezado mal “coincidiendo con la vuelta a los 120”, pero ocultó el hecho de que todos los meses, incluidos aquellos con mejores registros interanuales en descensos de siniestralidad, comienzan con abruptos rebotes en el número de accidentes con víctimas, que luego se mitigan conforme pasa el mes, se vacían las carteras, se agota el crédito de las tarjetas y dejamos el coche en casa. De hecho, a estas alturas de mes, ya tenemos (gracias a Dios) menos fallecidos que en el mismo periodo de 2010 cuando, no se nos olvide, íbamos también a 120.

Los límites de velocidad son algo demasiado serio como para andar haciendo jueguecitos mediáticos con ellos. Y, paradójicamente, la víctima política de tal frivolidad ha sido su autor, el director General de Tráfico, que se ha cocinado lentamente en la salsa de su propio engaño. No sabe qué más hacer, dice: yo le sugiero otra cosa, si es que, como parece, no va a dimitir; que empiece por hacer que los españoles aprendamos a conducir. Esa sí es una receta duradera contra la sangría en el asfalto.

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2 comentarios en “De cómo Rubalcaba habría engañado a Pere Navarro y sobre el debate de la vuelta al 120 y la siniestralidad

  1. ESTUPENDO ARTÍCULO, TE FELICITO POR EL Y CUANTO RAZÓN TIENES.

  2. Si si, un artículo muy fino sin duda, y excelente consejo final para el Sr. Navarro, asunto ese, el cual no le ha interesado nunca, ¡nunnnca! (así le vá), y principal causa de que el índice de siniestralidad no mejore en nuestras carreteras.

    Pero ya se sabe que no hay más ciego que el que no quiere ver.

    Saludos.

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