Clase política: ¿Gestión o intención?

Un político es un elemento que trabaja para «generar problemas» en donde no los hay, para después, presentarse como abanderado de la solución. Con ello, podríamos decir que los políticos se pasan la vida aportando «soluciones» a los problemas que ellos mismos generan y normalmente presentan esas soluciones como indispensables para el bien de la sociedad o de la comunidad de que se trate y normalmente, la trufan de justificaciones del tipo «bien social», «entorno sostenible», «verde», «ecológico», «solidario», «cultural»…etc, etc.

Esto significa «pasta», dinero, mucho dinero invertido en gilipolleces que nunca hubiera necesario gastar si ellos, su casta, no hubieran generado el problema.

Ejemplo muy clásico que usan todos los ayuntamientos:
Como somos muy «ecológicos y solidarios» vamos a hacer las ciudades y pueblos más amables y para eso, tenemos que eliminar los coches (el día que eliminen los aparatos de aire acondicionado de sus despachos y edificios empezaré a creer… Por cierto, desde que se está calentando el planeta, no hace más que llover en el Norte; joderrrr… qué primavera).

Hay que devolver la ciudad al peatón, nos dicen.

Bien…, peatonalizamos calles en todas las ciudades a diestro y siniestro: te contarán que «devolvemos el protagonismo al ciudadano y nuestros mayores y niños podrán pasear sin riesgo y en un entorno más humano, bla, bla, bla …» (como si esos mayores o los hijos de ellos que son padres de los niños, no tuvieran coche…).

Tú, como ciudadano cándido y agradecido, verás que en una calle en donde antes se aparcaban los coches de los vecinos, ahora hay unos bancos para sentarse, unas jardineras enormes (que sólo están decentes durante la semana que viene el preboste político a inaugurar el lugar) y grandes de extensiones de baldosas en donde los bares y restaurantes de los aledaños colocan nuevas terrazas para que la gente charle y tome algo mientras los niños juegan «sin peligro».
-«Joder, cómo de bien han dejado esta zona, ya era hora, con tanto coche…, esto ya es otra cosa».

El padre de familia, ante tanta belleza del entorno y tanta gente agradecida dando parabienes al nuevo ambiente, no tiene otra opción que simular una forzada sonrisa y hacer ver que está encantado también; en el fondo está pensando que vaya putada porque los edificios de la zona no tienen ninguno garaje y que, a ver en dónde coño él aparca el coche ahora.

Paralela y sutilmente, los últimos planes urbanísticos y las tendencias económicas de los últimos años que todos los mandatarios han cultivado y promovido, te llevan a que el modelo de comercio se ha modificado; han lapidado al comercio tradicional, cercano , familiar y por la vía de los hechos consumados, nos obligan a hacer nuestras compras en maravillosos centros comerciales, situados en las afueras de las ciudades y a los cuales tienes que acudir en coche porque para ello, ya te han construido unos maravillosos parkings en esos Centros.

Esto termina en el hecho de que todos tragamos y no nos importa llenar uno de esos maravillosos carros del centro comercial con variopintos productos y terminamos sin dar importancia al hecho de que el pan Bimbo llegue a casa machacado por el peso de la garrafa de 5L del aceite para el coche que acabas de adquirir en maravillosa oferta también en el mismo sitio. Incluso, tampoco le das importancia al hecho de que cuando llegas a casa, tienes que limpiar parte de la bolsa del pan Bimbo con algo del aceite derramado por el tapón que no cerraba bien de la cabrona garrafa en cuestión. Pero nada de eso importa, somos “modelsnos” y hemos pasado la tarde en el Centro Comercial.

Con todo esto, ahora el padre de familia llega a su casa con el coche cargado con 20 simpáticas bolsas llenas de cosas y que hay que subir a casa (por cierto, las bolsas se las han cobrado y encima va haciendo publicidad del Supermercado con el nombre en todas ellas, delante de tus vecinos y en el trasiego del coche a casa). Su calle está tan chula, llena de terrazas de bares y ancianos que sonríen junto a los niños que juegan, que el padre en cuestión (al que se le empiezan a hinchar las venas del cuello porque tiene que sonreír y simular su cabreo) no tiene otro remedio que aparcar cuatro calles más arriba o abajo y empezar a transportar bolsas hasta casa haciendo innumerables viajes.

Durante ese proceso que se alarga durante más de media hora, encima tiene que aguantar los comentarios de su mujer:
-Hay que ver Paco, cómo ha cambiado esto…¿eh?, ni comparación…, da gusto pasar por aquí a estas horas con este ambiente y tanta gente disfrutando por aquí.
– Vaya que sí…, contesta el padre/marido/pareja con los ojos inyectados de sangre.

Una vez el trasiego de bolsas ha terminado, este sufrido conductor va hacia el buzón y recoge una carta. Es del Ayuntamiento.

Ta mandan el famoso recibo del impuesto de “Vehículos de tracción mecánica” en donde te das cuenta que te lo han subido un año más y es ahí cuando te das cuenta de que efectivamente tu corporación sí que tiene en cuenta que tienes un vehículo y que realmente no se habían olvidado de él a pesar de que el diseño de tu calle es ahora de una manera que en absoluto parece recordar que allí hay vecinos con su coche.

El osado conductor pensará:

-Ah! menos mal…, creí que se habían olvidado de nosotros. Por lo menos han cambiado el nombre del impuesto y ya no le llaman “de Circulación”. Claro, son coherentes: si cada vez hay menos sitios en la ciudad por donde puedes “circular” no pueden llamar así a un impuesto. Iba a parecer que nos engañan y eso en democracia es un delito que los poderes públicos, intachables en todo, no pueden ejecutar.

Con el tiempo, el sufrido conductor tiene que asistir impávido a que su corporación, henchida de solidaridad y de espíritu verde, ha colocado decenas de nuevos contenedores de basuras, de papel, de vidrio, de aceite, de envases varios y a la vez, han aprovechado para asignar nuevas plazas de aparcamiento para minusválidos que nuestro afamado protagonista se pregunta cómo aquel vecino de tres calles más abajo aparca allí si está más sano y capacitado que él.

Con todo, se da cuenta de que aquel sitio en donde solía dejar el coche ya no está y empieza a pensar en que sería conveniente pensar en una solución.

No hay problema, ya están nuestros prebostes para aportar esa solución que como siempre, nunca es definitiva (no perdamos de vista de dónde viene y quién ha provocado esa situación).

Primero el preboste dirá que la situación de la zona es insostenible y que hay que gestionar bien los escasos lugares de aparcamiento para que los vecinos no cometan “abusos” y dejen de aparcar en las aceras y en los lugares no habilitados para ello.

Vamos a regular el tiempo de aparcamiento y pondremos unos vigilantes para que eso funcione. Con ello, los vecinos de la zona tendrán preferencia porque podrán sacar una tarjeta al uso (con su correspondiente coste, claro…No, no, no me vengas con que ya pagas el impuesto anual; recuerda que ya no es de “Circulación” es de “Tracción”, pagas por “tener” y no “por circular”)

Con el tiempo, el caos en la zona es cada vez más patente y los vecinos propietarios de vehículos hace tiempo que sus ojos ya emanan sangre, odio y tendencias suicidas.
Una vez más, el orgulloso poder se hace eco de la ciudadanía y decide “pensar en una solución”.
-¡Eureka!
-Construyamos parkings subvencionados sólo para la gente de la zona…
-¡Anda…, estupendo! ¿qué dices que nos van a hacer garajes?
-Pues qué bien.
Pensarán los sufridos vecinos.
Finalmente, se monta una obra del copón de la baraja y con ello, al cabo de unos meses, todos los vecinos tienen ya acceso a una plaza que soluciona sus problemas.
-María, María…, me dicen en esta carta que podemos tener una plaza de garaje.
-Jó qué guay, ya era hora…
-Ya, pero hay un problema.
-¿Otro más?
– Sí; la plaza nos cuesta más que el coche que tenemos y me jode gastarme lo que me costaría un coche nuevo en una plaza de parking que además no es mía de por vida.
-Hombre, pero ese precio es muy bueno, piensa que una plaza privada vale más del doble que eso…
-Cierto, pero yo no he buscado esta situación.
Terminaremos esta hipotética historia diciendo que con el paso de los meses y debido a que la gente de la zona, está canina, las plazas de garaje no se venden y que ante tamaña incongruencia, el político de turno por supuesto que ya tiene “otra” solución: incentiva la venta de las plazas, invitando a los vecinos a comprarlas.
¿Cómo se les invita a hacer eso?, pues muy fácil.
Los vigilantes de la regulación de las plazas de superficie existente y la policía de turno empieza a demostrar un celo inusual por el cumplimiento de las normas en la zona, día sí y día también.

Finalmente, las parcelas acaban vendiéndose por la acción de los hechos consumados y nadie se acuerda del inicio del asunto y de que al final, todo ha constituido un parche sobre otro que se aplican a distintas decisiones que no hacen sino generar el problema siguiente, provocando un bucle de gastos sin fin que siempre pagan los mismos.

A estas alturas del relato, si has llegado hasta aquí y si eres un malpensado, desconfiado, demagogo e insolidario caballero, podrías preguntarte:
¿Responde a un plan preconcebido el cambiar el modelo de comercio para obligarnos a usar el coche hasta para comprar una lata de sardinas?
¿A dónde y por qué van a parar esos dineros que a “paladas” se han generado con la concesión de tanto e inútil Centro Comercial, clónicos unos de otros?
¿Quiénes son los dueños o quién está detrás de esos establecimientos hosteleros que de un día para otro, han visto multiplicados sus ingresos por el hecho de que les han peatonalizado la calle?
¿Por qué se hace pagar a los vecinos dos veces por la misma cosa aunque lo llamen de manera diferente?¿Por qué se privatizan los servicios de parking de superficie vigilados en todas las ciudades y a quién pertenecen o quién se halla detrás de esas empresas que los gestionan?
¿Por qué hay que generar obras constantemente para hacer peatonales las calles y para luego abrirlas de nuevo para hacer parkings debajo?¿Le debe algo a alguien tal vez?
¿Por qué tanto container si realmente hay sistemas de ocultación que ya que se abren las calles tantas veces, podrían haberse habilitado antes?
¿Se recicla realmente todo lo que se recoge en esos containers?
¿A quién pertenecen esas empresas de reciclaje?

En fin, que tirando del hilo del coche hay mucho “malpensar” en el camino.
Si alguien tira del hilo un poco más y piensa todavía peor, pues que lo cuente…

Autor: Ruta66

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